Se cumplieron casi 90 años de la creación del templo del cine italiano llamado Cinecittá, un monstruoso set de estudios de filmación de 40 hectáreas mandado a construir por el entonces dictador fascista Benito Mussolini como una herramienta de propaganda oficial. Una fábrica de sueños que revivió su grandeza después de la posterior ocupación de los aliados durante la Segunda Guerra mundial. Con su extensa superficie de 400.000 metros cuadrados, es considerado el estudio más grande de Europa situado en la parte oriental de Roma, en la via Toscolana, a nueve kilómetros del centro de la ciudad. Durante las décadas de 1950 y 1960 el gigantesco complejo atrajo a las principales productoras de Hollywood gracias a incentivos fiscales, mano de obra calificada y condiciones climáticas favorables. Esta afluencia de proyectos norteamericanos consolidó el espacio bajo el sobrenombre de “Hollywood sobre el Tíber”, escenario donde se filmaron superproducciones como “ Quo Vadis”, “Ben Hur” y “Cleopatra”. En sus sets de filmación se plasmaron también largometrajes que marcaron una época: “Vacaciones en Roma”, con la dulce Andrey Hepburn; “El último emperador”, “El paciente inglés” y “Pandillas de Nueva York” forman parte de una interminable lista. A nivel local el recinto sirvió como sede de rodaje a realizadores italianos como Luchino Visconti, Roberto Rossellini, Vittorio de Sica, Bernardo Bertolucci, Sergio Leone y en particular el inefable Federico Fellini, autor de “La Dolce Vita”, que reconstruyó la famosa y elegante Via Veneto dentro del teatro 5 para sus filmaciones. Cinecittá es una reliquia del pasado, donde los fantasmas que pueblan la vida de celuloide se resisten a desaparecer, una fábrica de sueños que supo sobreponerse a los avatares del destino. Como el ave Fénix, resurgió varias veces entre las cenizas, sobreponiéndose a numerosos incendios como el icónico teatro La Fenice de Venecia. En la década que el esplendor del biógrafo se extinguía por el auge de los videoclubes y el arrollador avance de las pantallas chicas, un mensaje a todas luces esperanzador encendía nuevamente el brillo de su grandeza: un filme del realizador italiano Ettore Scola sentenciaba el triunfo de la leyenda con este axioma: “Entre la verdad y la leyenda vence siempre la leyenda por consiguiente el cinema prueba al esplendor que quizás allí haya todavía lugar”.
Alfonso Giacobbe
24 de Septiembre 290 - S. M. de Tucumán